LA CORRUPCIÓN

             (No sé si notará mucho que estoy enfadado)

Por: Luis de Valdeavellano

Hoy, como cada día, he despertado con la firme disposición de no cortarme, ni un pelo, a la hora de describir mi visión de la realidad social española.

          Se me dirá, tras leer lo que debajo sigue, que solo veo los aspectos negativos de nuestra actualidad, pero es que los positivos, que los hay, que no los niego, son nimios, son mínimos e irrelevantes en un contexto general abrumador, y por tanto francamente despreciables.

          Porque ¿Qué es la libertad si no intentar expresar nuestro criterio sobre las cosas que nos acontecen como pagadores de impuestos?, Pues, en realidad, ¿Qué es lo que somos como ciudadanos, en cuanto a miembros de la comunidad, sino contribuyentes?

          Somos meros mantenedores de una multitud de depredadores que, apareciendo como salvadores sociales, se trasmutan, a la mínima ocasión, en randas, cortabolsas, cuatreros, picadores, ganzúas y rapaces. Ladrones legales, que se ríen de nosotros mientras nos esquilman y nos llaman, con desprecio: “ciudadanos” y “votantes”.

          ¿Y qué es votar sino perpetuar a los capos de esas organizaciones llamadas partidos, articuladas jerárquicamente igual que las mafias, en sus cargos desde los que siembran la injusticia a manos llenas?

          Los muchos ciudadanos que nunca hemos vivido de paguitas. Esas despreciadas clases medias, esos pequeños burgueses, profesionales asalariados, autónomos, todos ellos  vilipendiados, los que no estamos adscritos a ningún partido, o asociación del “trinque”, somos despojados pagadores, alimentadores forzados de gentuza que medra y engorda a nuestra costa como los chanchos en los lodazales. Solo que, a estos cerdos inmorales no nos los podemos comer sino que son ellos los que nos comen, nos roen las entrañas y las bolsas con alevosía, haciendo uso de la gran violencia de la que disponen, mediante el empleo de armas letales a las que llaman leyes.

          ¿Democracia? …una mierda que nos comemos tan contentos.

          Y es que hoy estoy muy cabreado viendo como la patética situación pública española es un desolador basurero que no parece colmarse nunca: necesito descargar mi mala leche y nada mejor para ello que escribir ordeñando la realidad.

          Tenemos un presidente, socio de golpistas y proterroristas, mantenido en el poder por ellos, mientras lo explotan con su beneplácito, que pretende liberar a esos mismos golpistas de sus felonías, comprando vilmente sus votos, con el visto bueno de buena parte de un sistema judicial infectado de seguidismo, con un Tribunal Constitucional dirigido por un tipo puesto a dedo por su jefe, el supremo capo de capos, el hacedor de la infamia, el socio de separatistas.

          Tenemos a los dos secretarios generales del partido del jefe en la cárcel; a sus conseguidores también; a su esposa encausada sin entregar el pasaporte como le exige el juez; a su hermano procesado; a sus suegros dueños de saunas y prostíbulos; a su fiscal general declarado delincuente; a sus jefes de policía en el disparadero. De sus ministros que decir.

           Nada nuevo, por cierto, pero la degradación continua creciendo, con insoportable acumulación de escándalos, porque la cosa sigue empeorando después de los millones y millones robados en Andalucía, de los que nunca más se supo, donde los gerifaltes máximos de un partido corrompido hasta la médula, implicados, juzgados y condenados, siguen en sus casas, cobrando un pastón, riéndose de los pagadores de impuestos, de gentes inermes como usted, querido lector, y como yo.

          Ahora nos anuncian la regularización de miles y miles de ilegales, de delincuentes, pues delincuentes son los que ciscándose en las leyes invadieron España, y lo hacen, claro está, por nuestro bien.

          También por nuestro bien, y en recuerdo de los cientos de personas vilmente asesinadas, los amiguetes separatistas vascongados, no dejan de soltar odiosos criminales asesinos etarras que campean a sus anchas por el paraíso vasco mientras los deudos lloran a sus muertos.

          Todo es por nuestro bien. Debemos sentirnos agradecidos.  

          Los lameculos zurdos de andar por casa, es decir: la caterva de buenistas progres de toda laya y condición son tan culpables, o más, de la porquería de sociedad que nos están dejando: una sociedad enferma, podrida, parasitada, débil. Incapaces de distinguir un oso de peluche de un oso de verdad, ni la velocidad del tocino (mejor de la velocidad ni hablemos y de los pobres muertos inocentes, y de sus familias desoladas, mejor tampoco).

          Mientras, estos mantenidos inmorales, que lo que sí distinguen bien es el color del dinero, hablan de alternativa…, será a la miseria y a la destrucción completa de ésta, que un día no muy lejano, fuera ilusionante y gran nación española.

                                             Vale.

Deja un comentario