Por: Mar Cial de Bílbilis
Dice Juan en ABC
que Irene se pasea,
cual reina, por Lavapiés.
Eso sí, con fuerte escolta,
porque la menda no es tonta
pudiéndolo parecer.
Dice Juan que fue a grabarse,
la mencionada lumbrera,
un vídeo de promoción
por relanzar su carrera,
y que para salir bien
en la representación,
por detrás y por delante,
se rodeó de posantes
africanos, no mangantes.
Habla el gran articulista
de como llegó a ministra
la mencionada doncella,
ahora mujer “triparida”
amén de muy conocida
en la patulea izquierda,
que pasó de ser estrella
de las cajeras de España
a ministro de Igualdad,
esa gran barbaridad
que le permitió a la “pava”
dárselas de eminencia
impartiendo, sin decencia,
lecciones de democracia,
firmando leyes letales
para nuestros nacionales.
Ejerció el “salto con pértiga”,
en palabras del autor
del artículo mentado
y yo añado, sin rubor,
ya que él lo ha mencionado,
que fue pértiga “peneana”
la que usó, la mengana,
del fulano, su señor.
Y ella, que vive insultando,
con sus mensajes odiosos,
se molesta y llama acosos
a los que, más belicosos
con su bastarda insolencia,
le afeamos su indecencia,
mientras vive en la opulencia.
Va minando la paciencia
de quienes pagamos “forraje”,
es decir su pingüe sueldo,
quienes, con justo derecho,
podemos recriminarla:
sus vicios y desvergüenza
como servidora pública.
Por lo que yo, sin recato,
la trato de zorra impúdica,
naturalmente en la acepción
de la Real Academia,
la que da y quita y compendia,
es decir, hablando en plata,
de pícara y engañosa,
pues es ésa mi intención
y no, maliciosamente,
piense usted en otra cosa.
Mas no acaba aquí la porfía,
cual víbora peligrosa
es vergüenza entre mujeres,
ejemplo de grosería,
de odio y de hipocresía,
cáncer de la sociedad,
comunista consentida.
Y ya paro de contar
pues por mí no acabaría,
estaría más de un día,
pero debo descansar
o le cogeré manía.