Por: Cabellos Lozano
(Continua)
Nueve
Siguiente paso, volver al Gran Hotel, buscar a Pepet y averiguar si el malvado esbirro de Dimitrof sigue hospedándose en el hotel, o, como sospecha Mario, tiene la habitación solo para poder vigilar a los que allí se alojan sin levantar sospechas, después hacerse con una llave, o ver de qué forma entrar en esa habitación para poder registrarla a fondo, seguro que hay alguna pista, algún rastro incriminatorio. Siempre lo hay, pero lo importante es encontrarlo.
Primer frenazo, Pepet libra hoy. Hasta el turno de mañana a las siete horas no se incorporará. Tarde y noche libres. Dos opciones: ir preparando el reportaje para el jefe, o tomarse la noche libre y salir a recorrer la ciudad que vive sus días grandes del verano. Las dudas se disipan por completo cuando aparece por el hall la señorita Marta, la amable joven argentina.
-Buenas tardes señor Mario, dichosos los ojos-
-Buenas Marta, pero le agradecería si nos tuteáramos, llamándome de usted me parece que ya soy un viejo, ¿no le parece que el tuteo, sobre todo en vacaciones, lo hace todo más fácil?-
-Bien Mario, me parece muy bien y la verdad es que lo estaba deseando, pero no me atrevía…-
-Y dime Marta ¿Qué hace una joven como tú, un viernes por la tarde del mes de agosto, en una ciudad como Ibiza?
-Pues la verdad es que no lo sé. Me gustaría estar preparándome para salir esta noche a bailar a alguna de las super-discotecas de la isla, en compañía de alguien agradable, pero no creo que mis tías deseen mucho hacer ese tipo de visitas, ni siquiera por acompañarme, y como yo no conozco a nadie que me pueda acompañar, y sola no me creo capaz de moverme en un ambiente tan desconocido, pues me temo que me tendré que conformar con tomar algo en el hotel mientras escucho la actuación de la noche-
-Pero supongamos que hubiera una persona que estuviera encantada de hacer, para ti, en exclusiva, de guía turístico ¿Qué pensarías? –
-Entonces me volvería loca de felicidad, correría sin dudarlo a mi cuarto para arreglarme a toda prisa, y se lo diría inmediatamente a mis tías-
-Bueno, pues entonces imagina que esa persona soy yo, y que me estoy ofreciendo para enseñarte un poco del alma de la noche ibicenca-
-Oh Mario, eso era lo que yo soñaba con oír, solo me falta saber la hora-
-Señorita Marta ¿Qué te parece a las diez, aquí mismo en el hall? Te propongo ir primero al pie de la muralla, en la parte vieja, a una vieja casa de comidas típica de Ibiza, muy famosa y concurrida, y luego a bailar a la discoteca que tu elijas.
-Mario, aquí estaré y no me tendrás que esperar ni un minuto-
Mario se retiró a su habitación e hizo un par de llamadas, una a la vieja casa de comidas donde, a menudo, solía ir a comer o cenar. Tenía cierta amistad con los dueños, tercera generación del pequeño, pero próspero, negocio familiar que, gracias a la fama acumulada, y a que no se les había subido a la cabeza la locura de algunos cocineros modernos, funcionaba de maravilla, sirviendo platos y raciones deliciosas, como un ceviche que parecía sacado del mejor restaurante limeño, a precios competitivos, por lo que siempre estaba lleno. Tuvo que presionar un poquito a su colega para conseguir un sitio hacia las once de la noche, pero el hecho de ser solo dos personas facilitó las cosas, una hora perfecta para cenar algo una noche de verano, después de tomar una cerveza en alguna terraza próxima. También llamó a uno de los muchos vendedores de entradas para las discotecas de la isla. Como no sabía dónde quedarían entradas libres, y cuáles serían los gustos de Marta, le parecía mejor tener varias opciones entre las que elegir llegado el momento. A él las que más le gustaban, de las que conocía eran: Amnesia, la considerada mejor disco del mundo, Pachá, por su gran tradición, y sus fiestas insuperables, y Sankeys, por su tipo de música “underground”, dura, y sin concesiones a la masa, por su terraza, y por sus varias salas, entre ellas la que él llamaba, “la sala oscura”. Después se arregló con gran cuidado eligiendo pantalón y chaqueta de lino, una camisa blanca, ibicenca, y unos hermosos zapatos sin cordones de color marrón claro a juego con el cinturón de hebilla gruesa. Sin corbata.
A las diez menos cinco estaba en el hall, como regalo había comprado una rosa de color rosa, un rosa un punto fuerte, a la medida de lo que pensaba sobre la joven. Ignoraba los conocimientos de la chica sobre ciertos simbolismos, pero esperaba que, al menos, procurará saber por qué, precisamente, había elegido aquel color para ella, aquel color que simbolizaba lo que Mario pensaba sobre ella: simpatía, franqueza, aprecio, cordialidad, y lo que quería transmitirle sobre él mismo: ausencia de doble intención, y de sentimientos torcidos. Toda una declaración de intenciones. Simplemente, pasar una estupenda noche en compañía de una joven y preciosa mujer.
Fue para él toda una sorpresa encontrar que, a su encuentro, en vez de una, venían tres guapas damas, elegantes, bien vestidas y perfumadas. No pudo menos que quedarse un poco parado, por sus expectativas para aquella noche y…porque solo tenía una flor en su mano. Salió del paso de la mejor manera.
-Ustedes me perdonarán, pero no suponía que se unirían ustedes a la fiesta, lamento no disponer más que de una sola flor…-
-No se disculpe joven, no se disculpe. Ya sabemos a quién está destinado tan bello presente, pero, con su permiso, no podíamos perdernos una salida como la de esta noche, y menos en compañía de un apuesto caballero haciendo de cicerone. Créame que no quedan muchos en estos tiempos de grosería y mala educación. Habría sido un error imperdonable, por nuestra parte, perdernos esta oportunidad de conocer la Ibiza nocturna de su mano. Hemos tenido, incluso, que “amenazar” a nuestra querida sobrina para que nos permitiera unirnos al grupo, si es que a usted no le importa, por supuesto-
La mirada, un poco compungida, de la muchacha, lo decía todo sin palabras: “lo siento -parecía decir- no lo pude evitar…”
Pero Mario, con elegancia encantadora, le quitó hierro al asunto, ya metido en su papel de guía, y se dispuso a que lo pasaran bien.
-Señoras, no se preocupen, primero tenemos una reserva en un local tradicional en la parte vieja de la ciudad de Ibiza, allí podremos tomar unas raciones en compañía de un público variopinto, y entusiasta, con ganas de divertirse, aunque como la reserva que hice era para dos, puede que tengamos que apretarnos un poco. Pero no importa porque merecerá la pena. Luego iremos a alguno de los templos sagrados de la música en la isla y ahí… ahí deberá ser Marta la que diga la última palabra.
Y así fue como Mario Destino se dispuso a enseñar la noche ibicenca a aquellas tres mujeres argentinas.