Por: Luis de Valdeavellano
El día ocho de Marzo, como todos ustedes saben, se festeja cada año el día internacional de la mujer trabajadora, ahora sencillamente de la mujer, y eso está muy bien, porque celebrar siempre se asocia con algo festivo, lúdico y recreativo.
En España esta fecha, infortunadamente, ha perdido gran parte de su encanto, y la bajísima asistencia a sus actos ha menoscabado la importancia que tiene tal conmemoración, lo que lamento mucho.
Y lo siento más todavía pues, este hecho luctuoso, se ha producido a pesar de haber caído su organización en manos de un grupo de mujeres encomiables y maravillosas, nada serviles, que se desviven, que trabajan día y noche, e incluso de madrugada, infatigablemente.
Nos entristece, decía yo, que esas mujeres tan buenas, castas y sabias, que se desviven tanto que llega a ser casi insoportable, lo tengan que hacer, muy a su pesar, básicamente enchufadas, quiero decir mantenidas. Es decir, entiéndaseme con propiedad: necesitan ser aupadas, sostenidas, alimentadas, nutridas y cebadas con todo tipo de subvenciones, -pues merecen vivir con dignidad- en organizaciones anexas a los partidos y en organismos paragubernamentales (es decir, por el patriarcal estado), a los que parasitan y por los que son parasitadas en un perfecta y hermosa simbiosis regida por esa benéfica ideología en la que se amparan.
Y éste grandioso evento me sirve de prefacio, de exordio, de palanca inicial, con punto de apoyo incluido, (como dijo Arquímedes de Siracusa) para mover, espero, la conciencia de algún ser humano, aún no dogmatizado ni descarriado por el fascismo rampante, y reconducirlo al redil común de las izquierdas, esas nuestras irreductibles fuerzas intelectuales dueñas y señoras de la sabiduría y de la bondad humanas.
Me admira la bondad, y casi lloro de pensarlo, pues este breve alegato pretende ser un elogio, un ponderación y loa, de los autoproclamados progresistas, que ahora engloban en sus partidas a todo tipo de nativos de las izquierdas: eximios comunistas de las más variadísimas tendencias; excelsos socialistas de todo cuño; feministas angelicales; tiernos animalistas; pacifistas herbívoros, amantes del mundo vegetal; infatigables luchadores LGT y más…Todos ellos y demás camaradas, camarados y camarades, compañeras, compañeros y compañeres, (Mucho me molestaría, y que me perdonen, si me he dejado alguno) que conforman eso: el progresismo y sus izquierdas.
No puedo dejar de emocionarme sinceramente cuando los veo manifestarse como en este pasado día ocho. Sí, manifestarse, porque esa es una de sus mayores virtudes, la predisposición altruista a manifestar siempre algo, tampoco importa demasiado lo que sea, pero el hacerlo públicamente, es decir, en la calle, en presencia de todos: ése saber mostrar su opinión sobre las cosas, algunas cosas, sus cosas, en todo momento y lugar, es algo que les honra y mucho.
Me recuerdan a la gran ternura que emanaba de esa vecina que tuve, la buena señora que se pasaba horas aferrada a su escoba ¡que relimpia era!, barriendo la puerta de su casa incansable, pero que, dada su dedicación, no tenía apenas tiempo para lo demás, lo demás, lo demás.
Porque ¡Que importante es tener la calle limpia! Si señor, si señora, si señore…, la calle, la calle que es tuya y mía…, de todos…, de todos los progres, por supuesto. (Reduzco el término para ahorrar espacio) pues de ellos, de los progres, son las paredes llenas de coloristas y filosóficas pintadas que tanto embellecen nuestras ciudades, y de ellos son los carteles, y las fachadas, (por eso las facha…das han de ser convenientemente pintadas) y las superficies de los trenes, y de los autobuses y los…
Los progres. ¡Oh! Que emoción contenida al verlos manifestarse tan empáticamente, con esa educación y esa alegría que los caracteriza. Libres de odio y de deseos de venganza. Con la palabra amor dibujada en sus angelicales rostros. ¡Oh! Sí! ¡Mil veces sí!
Verlos con su nobilísima y firme oposición a la guerra: las ideas bien claras, cierto que no a todas las guerras, porque, digan los fachas lo que digan, todas las guerras no son iguales: la guerra de Ucrania no cuenta, las guerras de África, donde son redimidos los cristianos no cuentan. Las guerras sin bombas de Cuba y Venezuela, o Nicaragua, de Corea del Norte, de China, donde son aleccionados correctoramente sus ciudadanos por el pertinaz hecho de no ser adeptos al régimen, no cuentan. Esas no son guerras, esos no son seres humanos…, son fachas…, son fascistas…, son. Hay mucho fascista suelto.
No, porque todas las guerras no son igual de guerras, porque todos los muertos no son igual de muertos, porque todos los perseguidos no son igual de perseguidos. Porque todos los seres humanos no son igual de seres humanos.
Por supuesto, mucho menos, la mayoría de los de los de las repúblicas exsoviéticas, la silenciosa mayoría de los países musulmanes en general, Afganistán…, sus mujeres, ¡ay esas mujeres del velo!
Ellos salen a las calles a lo suyo, y yo me alegro de verlos salir…, felices, porque las calles son suyas como decíamos antes, y cuanto me deleito cuando levantan el puño cerrado, en recuerdo de las grandiosas dictaduras izquierdistas. Esas que no hay que olvidar jamás son ejemplares autoras de los mayores “finiquitos” de personas en la historia de la humanidad, lo cual no deja de tener un gran mérito, porque hay que saber “finiquitar” a tantas personas en su propio beneficio. Así nos recuerdan, de paso, gentilmente, que los que no piensan como ellos son “finiquitables” porque son fascistas, todos los que no piensan como ellos son “finiquitables fascistas” susceptibles de ser “finiquitados” por su propio bien.
Son tan necesarios nuestros queridos progres, su manifestación constante, su protesta, su modo de expresarse respecto de los demás, siempre con afecto y humildad. Su comprensión de la visión del diferente, nunca contrario, nunca enemigo. Su hermandad, su bonhomía. Son tan grandes, que hace de ellos ciudadanos ejemplares, por su tolerancia, por su amor a la concordia, al acuerdo, a la fraternidad. Son tantas cosas que me hacen emocionar serenamente.
Luego, cuando terminada la manifestación del día les toca marchar, disolverse, perderse entre la masa donde son unos más, unos pobrecillos, no puedo dejar de pensar lo que sufrirán caminando entre tanto fascista como anda suelto por las calles.
Vale.