Por: L.M.C.
Nos hiciste una promesa:
“Te daré el día y la noche,
la luz y la oscuridad,
el calor, la tempestad,
el frío de la alborada
el pan que mitiga el hambre,
y el sueño de libertad.
Tuyos serán los caminos
que se bifurcan y enredan,
las veredas que conducen
donde las gentes esperan
la llegada redentora.
Te daré toda esperanza,
el fruto en tus manos blancas
manos que amasan, sin pausa.
Te daré la voz que clama,
el canto que aleja el miedo,
el verso limpio de culpa,
la eterna canción de cuna
que hace tiempo fue olvidada
por la codicia malsana
que todo enturbia y “enmala”.
Te daré el anochecer,
el descanso sanador
hasta que regrese el alba,
la valentía y el coraje
para dominar al miedo,
el que impide la palabra
que atenaza toda idea.
Todo eso te daré
y te daré a ti mismo
en toda tu dimensión,
en todo el poder de ti,
para que tú te poseas
y te sea dado darte.”