Por: Luis de Valdeavellano
Elección y erección son palabras, vocablos, voces, que se parecen mucho formalmente pues son parónimos: es decir, se escriben prácticamente igual, solo la ele y la erre los diferencia; además su sonoridad es parecida, a tal punto que algunas personas son, de hecho, casi incapaces de distinguir en su pronunciación. También semánticamente guardan gran similitud.
Elección tiene su origen semántico y etimológico en “eligere” del verbo latino “legere” y el prefijo “ex”, con raíz indoeuropea “leg”, significando recoger, reunir, reunir hacia afuera, separar, de ahí derivó en “electus”.
Erección deriva de “erectio”, “erectionis”, acción de enderezar, levantar, o elevar, también con prefijo ex, y el verbo “regere”, dirigir, poner derecho, poner tieso, derecho, levantado, y ahí también una sola letra las distingue.
La elección, “las elecciones”, es un ejercicio individual funcional orgánico, que se da, cada cierto tiempo, en lo que solemos, enfáticamente, llamar régimen democrático. En ella, en ellas, como es bien sabido, se substancia el ejercicio del poder en alguna de sus múltiples niveles, desde la dirección de una comunidad de vecinos a la presidencia de la nación.
Habitualmente, cuando se ha obtenido el premio del poder, de lo que se dijo que se haría el olvido se encarga con desdén.
La erección es un fenómeno individual fisiológico orgánico, típico de los mamíferos machos y, concretamente, de los humanos. Propicia el intercambio sexual y una vez producido éste, en forma de orgasmo, con similares expectativas del sufragio, de lo que prometía, lo obtenido suele ser débil copia.
Tras la elección ganan todos. No conozco a nadie que habiéndose presentado a elección no haya triunfado, o bien porque ganó, o bien porque, habiendo perdido, su derrota le deparó algún tipo de beneficio. Todos y siempre, ganan algo.
Tras la erección, todos afirman ganar también: el erecto porque consuma el efecto del acto, y el receptor porque recibe la gratificación que se deriva de dicha erección.
En resumen, elección y erección son dos actos efímeros, que prometen más de lo que suelen dar, y que se consideran necesarios, en un estado democrático de intercambio que se precie, o se desprecie, a sí mismo.
Vale.