(Recuerdos de Sam Shepard)
Por: L.M.C.
Alguna vez conté mi triste historia
de niño de familia fragmentada
por el alcohol dominante, doloso
demonio, señor del día a día.
Aunque, con él, alguna vez hiciera poesía,
en realidad era el diablo de mi interior
el que la componía.
Aparente alegría travestida en dolor,
efímera euforia incontenida
trocada en violenta prisión
cual fuego voraz.
Impenitente luego,
decía, lo recuerdo muy bien:
lo siento, lo siento mucho, me corregiré
y no podrá el maligno dominarme
¡Oh Señor! ¡Oh Señor!
Dentro de la botella me está mirando
presto a salir, ¡tú no lo dejes!
¡Rómpela en las rocas del acantilado!
Regresa a casa con las manos vacías,
sin titubear, sin ese temblor
de fiebre descarriada
y la locura del trago
que de ti se ha apoderado.
Yo estoy escondido bajo la sábana,
mamá llora en un rincón,
él vomita su locura.