PSOE, UN PROBLEMA PARA ESPAÑA

   (Un caso de infamia política mantenida en el tiempo)

Por: Luis de Valdeavellano

El objetivo de este artículo es señalar, desmitificar, y condenar, a un partido que ha sido, en mi opinión, prácticamente desde su fundación, una verdadera desgracia para España, cometiendo todo tipo de tropelías que le acercan más a una mafia que a una organización política interesada por la mejora del país, actuando, a lo largo de su turbia historia, en beneficio exclusivo de sus intereses particulares, buscando, en los bienes públicos, el filón con el que alimentar a sus acólitos, lejos de lo que se supone que sería una actuación benéfica por el bien común, mucho más lejos aún de lo que sería un desempeño honorable en sus obligaciones públicas. Su delito inexcusable ha sido, y sigue siendo, el haber puesto siempre el interés particular del partido, y de sus dirigentes, muy por delante del interés público al que deberían haber servido.

          Mi autoridad para emitir este veredicto personal es la que procede del hecho de ser un ciudadano español, con todos los deberes y derechos que ello conlleva, y de ser un pagador neto de impuestos durante gran parte de mi vida, dineros que han servido, a los miembros de este partido, para lucrarse en vez de servir, para medrar en vez de mejorar la vida de los demás ciudadanos, para dividir y enfrentar en vez de unir y hermanar.

          El partido socialista obrero español (PSOE) fue fundado en el año 1879 por Pablo Iglesias Posse, y se definió en su origen como un partido de clase obrera, marxista y socialista hasta que, en 1979, con Felipe González y Alfonso Guerra al mando, dejó estratégicamente el marxismo para encuadrarse en lo que se llamaba entonces “socialdemocracia”. Luego ya se han venido a denominar como progresistas, usurpando un término que los liberales ya usaban en el siglo XIX, lo cual, en su ideario actual, es una especie de mantra justificador, un eufemismo populista de los muchos que jalonan su andadura política de prometer una cosa y hacer su contraria.

          El Psoe ha sido, y es, un problema real para España y, en mi opinión su actividad política ha supuesto un gran daño en la evolución de la sociedad española, prácticamente desde su fundación, y esto por mucho que sus principios ideológicos iniciales pudieran estar cargados de buena fe.

          En la práctica el Psoe ha estado inmerso en la inmensa mayoría de los episodios históricos más luctuosos y nocivos para España, a pesar de los últimos intentos por lavar sus actos obscenos mediante la creación de leyes como la de Memoria Histórica: 52/2007 de 26 de diciembre, obra del fatídico presidente Zapatero, actual defensor incondicional de asesinos y criminales como el dictador Maduro de Venezuela, entre otros. Esta ley fue sustituida por otra, llamada Ley de memoria Democrática BOE-A-2022-17099 de 19 de octubre de 2022 creada por su fiel seguidor, el nefasto Pedro Sánchez, a su vez defensor de organizaciones terroristas internacionales como Hamas.

          Los socialistas se creen que promulgando leyes infames pueden cambiar la historia, pero veremos como ello no es posible, porque los hechos son lo que son, pese a sus intentos manipuladores. La verdad de los sucesos contrastados no puede ser tergiversada, con impunidad, por mor de una ley, por cierto, consensuada con los enemigos declarados de la patria, a saber: comunistas, nacionalistas, separatistas, golpistas y proterroristas.

          Un sucinto repaso al historial delictivo del Psoe, y de sus principales dirigentes, nos dará una visión real y no interesada de su verdadero papel en la historia de España. Son datos irrebatibles, incuestionables, no son propaganda política, no implican una tendencia política, u otra, por parte del autor, son la mera constatación de la verdad histórica contrastada.

          Pero permítame el lector que recoja solo los más importantes, entre los interminables episodios de corrupción, y de todo tipo de actos contra la patria, que es tanto como decir contra sus ciudadanos, porque, son tantos, que se podría escribir una antología que ocuparía miles de páginas, lo cual excede con mucho el objetivo de este pequeño artículo.

          (“La patria española”, España, a la que nunca se refieren los socialistas porque parece que les avergüenza hacerlo, o tal vez porque en realidad no creen en ella, no es otra cosa que el conjunto de personas, de seres humanos, que han nacido en este pequeño trozo del planeta tierra).

          El primer episodio de relieve, en la historia de la infamia socialista, fue la colaboración del partido, y de su filiar sindical UGT, con la dictadura del general Primo de Rivera, este capítulo, que se quiere olvidar a toda costa, propició su crecimiento en los años 20 del siglo pasado, en plena lucha directa con la CNT, sindicato mayoritario en aquel momento, llevando a que Francisco Largo Caballero, el seguidor del soviet, llegara a consejero de Estado el 25 de octubre de 1924. A los pocos años, sin ningún rubor por parte de sus dirigentes, cambiando el apoyo al dictador por su unión con las fuerzas más extremistas del país, participaron en el Pacto de San Sebastián, que culminaría en un pronunciamiento militar que salió mal porque los capitanes Galán y García Hernández se adelantaron sublevando la guarnición de Jaca antes de tiempo, el 12 de diciembre de 1930.

          Luego llegaron las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, y el llamado “comité revolucionario”, en el que naturalmente estaba el Psoe, dio un golpe de estado, por mucho que ciertas fuentes digan que “todo el mundo lo entendió como un plebiscito sobre la monarquía”. Todo el mundo no. La legalidad vigente entonces no. La II República llegó al España ilegalmente. Sin un proceso reglado y pacífico. Llegó por la fuerza bruta de los partidos izquierdistas que tomaron violentamente las calles de España.

          Acto seguido llegaría la Revolución de Asturias, una revolución obrera, acaecida en octubre de 1934, como no, encabezada por los socialistas del Psoe y de la Ugt, donde murieron miles de españoles, preludio de lo que sería dos años después la guerra civil. Una vez más el Psoe a sangre y fuego sobre una España impotente, inmersa en una vorágine de crímenes y de destrucción entre contrarios.

         La guerra civil ha sido y es tan estudiada que no creo poder aportar nada de relevancia sobre ella, salvo constatar el papel de los socialistas incendiando conventos e iglesias, matando curas y monjas, creando checas, asesinando políticos y dando paseos, siguiendo las directrices del entonces todopoderoso presidente del gobierno (4 de septiembre de 1936-17 de mayo de 1937) Francisco Largo Caballero, el que amenazaba de muerte a sus contrarios en el congreso de los diputados, el que, en connivencia con los agentes soviéticos, infiltrados en las instituciones patrias, quería instaurar una dictadura comunista en España: la dictadura del soviet, todo ello, claro está, siempre en beneficio del sufrido pueblo español.

          Durante la guerra, el papel de los socialistas en la entrega de miles de kg de oro a los rusos, el expolio de todos aquellos, pobres burgueses, considerados como enemigos, y la posterior marcha al exilio de los dirigentes socialistas, que vivieron durante décadas con los frutos de sus acciones, son tan evidentes como dignas del desprecio y del olvido.

          Pero la historia no acaba aquí. No. Llegó la democracia, la “transición democrática”, luminoso intento de reconciliación, ejemplo entre las naciones, que los socialistas, finalmente, rememorando su miserable pasado, se están encargando, en estos tristes días, de intentar destruir, vilipendiándola.

          Hubo un aparato dictatorial franquista que se auto inmoló, permitiendo así la llegada de la monarquía parlamentaria, de los partidos políticos, de un viento de libertad. Se llamó “transición democrática” y fue un ejemplo mundial de acuerdo por la paz, el perdón y el olvido de los agravios, encabezada por el rey Juan Carlos I y por Adolfo Suárez, y ahí apareció de nuevo, para infortunio patrio, el vergonzante Psoe, el de siempre. Primero Felipe González pareció querer variar el rumbo indecente de su partido. Pero fue un espejismo, en seguida aparecieron, no de forma exhaustiva, los casos de Rumasa, el caso Juan Guerra, el caso Filesa, el caso Roldán, o los asesinatos de los GAL, sin olvidar la PSV de la UGT, que arruinó a tantas jóvenes familias, que depositaron sus esperanzas en lo que resulto siendo un fiasco injustificable, lo que nos lleva, sin transición posible, sin descanso, hasta el funesto Zapatero, que llegó al poder tras el más grande atentado terrorista de la historia moderna de España. Asunto sin esclarecer, por mucho que una justicia difusa quisiera pasar página de cualquier manera, como lo hizo. Y con Zapatero llegó la ruina del país, la posible intervención económica de la Comunidad Europea, que pudo ser solventada, con grandes sufrimientos de los ciudadanos, con su salida del poder. Y luego Los Eres en Andalucía, el mayor robo político de la historia de España, efectuado, por los autoproclamados defensores de los trabajadores, a los propios trabajadores, siempre con los presidentes del Psoe a la cabeza, que siguen sin pagar por ello, y ahora la infamia de la amnistía, que nos retrotrae a la España de Companys y su proclamación del “estado catalán” en el 1934.

          La llegada de Sánchez a la presidencia del gobierno tras perder las elecciones, (no ha ganado ni una por el momento) ha traído consigo la consecuencia de la mayor desunión entre españoles que se recuerda desde los prolegómenos de la guerra civil. El odio se extiende entre compatriotas, pues la forma de gobernar inmoral de este presidente, concediendo todo tipo de cesiones a sus socios, mintiendo con una constancia inapelable, comprando los votos de sus secuaces, tan infames como él mismo, con dinero público, propician que la injusticia y la desigualdad se extiendan como una plaga asoladora por la nación.  

          Pero ahora, para afianzar aún más la imagen del populista arbitrario, como adalid de los “cien años de honradez socialistas” entran en escena el papel jugado por su esposa, dando clases en una universidad pública sin ser ni maestra, o el del hermano, un ¿músico? que no toca, pero coge, que no trabaja, pero cobra, por supuesto de los dineros públicos, esos que otra socialista ya advirtió que no eran de nadie. Estos son “asuntillos” infectos que harían dimitir a cualquier persona con un asomo de dignidad personal. Y además no deberíamos olvidar lo de Delcy, la narco venezolana de las maletas, o el caso “Tito Berni”, o el de “Koldo”, en una cascada de escándalos inagotable.

          La connivencia con los partidos separatistas, golpistas y proterroristas, los privilegios concedidos a los terroristas vascos, liberándoles, permitiendo que no paguen las multas pendientes. Los desmanes con los dineros públicos que se van a las regiones gobernadas por partidos traidores a España, en detrimento de las que son fieles a la nación.

          El esperpento Puigdemont, delincuente llegado impunemente a España, al que las policías españolas, en manos de un tipo socialista llamado Marlasca, servil lacayo del “ser supremo”, han sido, claro está, incapaces de detener.

          Por fin, hasta la próxima fechoría, la llegada al poder regional en Cataluña de Illa, el mismo tipo que estuvo, sistemáticamente, engañando a los españoles durante la durísima pandemia. El lerdo ejecutor de un gobierno que impuso medidas inconstitucionales por las que no ha pagado, y por las que sus miembros implicados deberían estar en la cárcel, si hubiera justicia, claro, si la hubiera.

          Y esto, queridos, aunque improbables lectores, hasta hoy. Seguro que la vergüenza seguirá, y será así gracias a ustedes… a nosotros… sí, no a todos claro está, pero a algunos sí, ya que disculparán … con ánimo conciliador, con dejadez, con indolencia, con desinterés, las tropelías socialistas en la debilidad humana, en ese “tú más”, ese justificador infame que no justifica nada mientras lo pudre todo. En ése “todos son iguales”, que no es cierto, porque la infamia, como todo en la vida, tiene grados.

                                             Vale       

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