Por: Miguel de Ungría
Aquellas gentes llevaban miles de años haciendo agujeros en el suelo: cuevas, túneles, habitaciones, almacenes, respiraderos, canalizaciones e, incluso templos. Cuando fueron descubiertos por los arqueólogos, y puestos en valor, la gente acudía a visitarlos, como gran atracción turística, desde los países más remotos.
Los habitantes del lugar pensaron entonces que sería bueno ofrecer novedades, añadiendo unos cuantos más, abriendo al público más subterráneos, construyendo, de manera furtiva, otros nuevos, en los que se descubrían, de forma casual y fortuita, cosas llamativas y curiosas. La fama del lugar crecía y crecía sin parar, a la par que aumentaba la trascendencia de los hallazgos, su profundidad, o sus magnitudes. Cuando se quisieron dar cuenta habían excavado el mundo.
Bonitooo.
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