Por: L.M.C.
Ser urbano habitante,
escuchar, cualquier noche,
luz nocturna que ahuyenta,
destellos y sirenas,
humanos predadores
con rostros de asesinos.
Palabra que no entiendo
lo que dice el silencio,
pues grita demasiado.
Derrotado me voy
pues conozco el camino
más de lo deseable.
“…La banca siempre gana
gritó el predicador
y acabó la partida…”
Cuando vuelva la lluvia
amasaré la tierra
con mis manos desnudas.
Me marcharé muy lejos,
a ver a las ballenas
bailando con la luna,
y nada será igual
pues todo es diferente
cada vez que sucede.
Ya no juego, en secreto,
a que soy pistolero,
o, acaso, jefe indio.
… La sangre en las paredes,
de cabezas cortadas,
me provoca sudores…
Yo todo cuanto espero
es tiempo de morir
sin correr demasiado.
Tiempo para estar quieto,
bajo la luz sagrada,
en la cima de un monte.
Sólo aspiro y expiro
como por compromiso,
pues vivo de prestado
donde habita el peligro,
en casa de la vida,
en casa de la nada.
Pero mi tiempo es ido.
…Los que mueren inermes,
aunque fabriquen bombas,
siempre son inocentes…