Por: L.M.C.
Tras la noche embriagada
de la falsa pasión
y el yermo desenfreno
de los vasos de alcohol
impreso, como hielo,
en los brillos, efímeros,
de los negros cristales.
Allí donde la música,
en mil pedazos, rompió
el más poético sonido
de los silencios albos,
otro amargo día llegará
y un sol fulgente,
herida para los ojos
perturbados de bruma,
será el anunciador
de un distinto fulgor.
Otra mirada,
cargada de esperanza,
más allá de las sombras
dejadas atrás
en un incómodo recuerdo,
y el negro confundido
de unos ojos que buscaban
interrogantes, nacerá.
Ella será la señal
de una hipótesis,
pese a todo,
sin resolución posible.
Las preguntas
y las respuestas
quedarán, siempre latentes,
sin respuesta factible,
en el aire,
como eternos danzantes
en fútil desapego,
tornando comprensión quimérica
ese eterno elemental problema
que, por ser humano,
no tiene solución posible
pero que es necesario
no dejar de intentar descifrar.