ELOGIO DE LA PEREZA

Por: Luis de Valdeavellano

(Nota: Este artículo, revisado, fue publicado en el periódico «La Tribuna de Guadalajara» en 2008.

Pereza me da empezar este artículo que ha de glosar a la muy noble “Pereza”.

          Es cierto, pues alabar me es dificultoso; no así corregir o censurar, según los casos, que en eso me tengo por ducho y aún hábil si se me permite la inmodestia.

          Pero vayamos al caso que nos ocupa en esta ocasión y digamos, de entrada, que es la “Pereza” substantivo que define la falta de ánimo para esforzarse, la poca dedicación, la negligencia de la cual es compañera insaciable la flojedad, la holgazanería, la desidia, parsimonia o cachaza, y que, pues siempre quiere más, y no se resigna, nunca se da por totalmente conquistada y ayuda, con su ejemplo de inacción permanente, de negación de la actividad, al conformismo preciso para afrontar la vida. Por tanto, como objeto directo de nuestro elogio, la trataremos con mayúscula.

          La Pereza es una gran ecologista siendo, a menudo, lo uno y su contrario, llegando en ocasiones a ser muy beneficiosa, pues procura siempre el mínimo esfuerzo, promoviendo un gasto ínfimo, logrando grandes ahorros por lo que se la puede considerar origen y principio de toda riqueza, más, a veces, se excede, siendo los medios que emplea para conseguirlo de lo más rebuscado y chocante, dando lugar a situaciones paradójicas en las cuales para no hacer nada hay que hacer muchísimo, lo que, no por inaudito es menos cierto.

          La pereza es una gran creativa, rayando incluso en la genialidad intelectual, pues intenta siempre lo más peregrino con tal de lograr su objetivo, maquinando siempre nuevas estrategias, e impeliéndonos a hacer las cosas más increíbles para alcanzar la máxima inactividad.

          Es bien sabido que la pereza es atrevida y aún dispuesta a la temeridad cuando está en juego el salirse con la suya. Es entonces capaz de ponernos en situaciones de máximo riesgo, no por que la Pereza ame el peligro como parte de su ideal vital, no, sino que la Pereza, aún siendo incapaz de valentía alguna, tiene un tan alto grado de necesidad de auto-complacencia que supera el concepto de arrojo por mero afán de salirse con la suya y no hacer nada.

          Es siempre la Pereza singular, individualista y amante de la libertad, y bien lo manifiesta pues que no se somete a disciplina alguna, y pronto se rebela contra toda imposición aborreciendo cualquier viso de rutina y actividad que no sea la propia de no hacer nada y descansar. Y aún en esa estimable inacción encuentra disculpa para dudar si no estará todavía haciendo demasiado.

          La Pereza es, a fuer de inactiva, prudente y sabia, pues nos incita a no hacer nada y por tanto a no errar, ya que, en modo alguno podremos equivocarnos si nada hacemos. No habiendo posibilidad de equivocación, en la Pereza hallamos la confirmación de toda la sabiduría antigua, remitiéndonos a las prácticas religiosas orientales más acendradas. Esa prudencia propia de toda falta de acción es sabia consejera en los momentos más delicados y solo la Pereza y los perezosos dominan tan excelsa disciplina.

          Siendo la Pereza en extremo lenta y parsimoniosa a menudo se aparece, externamente, como bien dispuesta y colaboradora, sucediendo que pronto muestra su cara más prudente, volviendo siempre a su ideal primero enseñando como la calma y el sosiego le son propios a la consecución de las cosas más importantes. Parece necesitar reflexión, la Pereza, cuando solo busca y practica la más ociosa holgazanería y en ella encuentra su sosiego y su deleite.

           La Pereza es fuente de sabiduría porque no se arroga grandes éxitos ni forja su estimación en hazañas sobrehumanas. Ella, como buena discreta, solo cuida de lo suyo y siendo en esto maestra hace de lo cotidiano, que es no hacer, su privilegio, al que se entrega paciente y se reconforta en él.

          La Pereza se manifiesta recatada, oculta siempre en una sólida humildad que procura pasar desapercibida. No le interesa, a la Pereza, ni la fama ni el elogio ni ser muy reconocida. Es, por el contrario, amiga de intimidades, del absoluto anonimato que solo la pasividad alcanza, y en la más extrema ocultación encuentra su consumación y su éxtasis.

          La Pereza es ordenada y cuidadosa pues, por no tener que coger las cosas no las quiere ni mover, y ni siquiera las toca, siendo así que estas, en sus “manos”, se mantienen, y duran por mucho tiempo. Tanto ama el orden que cualquier cambio o remoción le causa desasosiego. Más no por ello es la Pereza absolutamente inmóvil sino que su ritmo es otro, sutil e inconmovible.

          La Pereza es pues: ecóloga y sabia, creativa y prudente, individualista, genial y virtuosa, reflexiva y discreta, así como ordenada y cuidadosa, siendo madre y guía de toda calma y sosiego.

                                         Vale.

Deja un comentario