FOTOS EN BLANCO Y NEGRO

                    (Reminiscencias de Crónicas de Motel)

Por: L.M.C.

Las imágenes son ensoñadoras

de una turbia realidad;

son fotos en blanco y negro

como retazos de vidas desfasadas

entre el deseo y la posibilidad.

Están tan atados a sus prejuicios

que no se dan cuenta

de que persiguen un sueño imposible

de eternos adolescentes desarraigados.

Son los nuevos colonos de la desolación,

pioneros de una búsqueda sin fin, 

atrapados en una vida sucia y gris,

alterada para siempre por la televisión

y la primera congeladora

para los hielos de los guisquís.

No podrán ya escapar

a la necesidad de consumir

más de lo necesario,

por mucho que lo intenten.

No se escapará nadie,

aunque las carreteras sean inacabables

y crean poder llegar al infinito

siempre estarán cerca de algún sitio

donde los lazos les atrapen.

Casi seis mil kilómetros,

casi seis mil

desde Nueva York a Los Ángeles

bajando por la costa atlántica,

pasando por Nueva Orleans.

Yendo de punta a cabo

por la nación más grande del mundo

para llegar tarde al sueño americano,

ese tren hecho de estrellas salpicadas

por un cielo implacable,

un reptil sucio de carbón

siseante cual metálica culebra,

o el autobús de las mil paradas

en pueblos oscuros como tugurios.

Esta vez hemos robado un coche,

un sensual descapotable,

a la mujer que bajó a comprar rosas blancas

para la fiesta del sábado

en el jardín de su casa

que huele a barbacoa,

donde solo admite a bebedores sociales,

y mujeres perfumadas de indiferencia

dispuestas a abrirse de piernas

en la mesa de la cocina.

También habrá tipos responsables,

amables con sus hijos,

de los que aún van a la iglesia

tanto como al club de las risueñas señoritas,

de los que aún no se ahogan cada día

en su propia vomitona.

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