(Escritos de un “pasivista”)
Por: Luis de Valdeavellano
El activista es un tipo digno de elogio, de encomio. Es mi obligación, tanto como mi inclinación sensible, loar a tan virtuosos ciudadanos, cumbre señera del decoro, del pundonor y de la modesta sencillez que tanto les envidiamos los “pasivistas”.
Cuando no había activistas las sociedades humanas no eran, en realidad, humanas del todo, eran, como mucho, mucho, proto humanas. Tuvo que avanzar la civilización y, tras morir cientos y cientos de millones de seres humanos, fruto de ése avance social, maduro e imparable, propiciado por las bellísimas ideologías izquierdistas concebidas por hombres magnánimos y compasivos, (lo cual se puede observar claramente a poco se ojeen los libros de historia) se abrió un camino, esa senda imperecedera que marcó el rumbo y propició el advenimiento, la promoción de la nueva raza de superhéroes, dispuestos a darlo todo a cambio de muy poco: un donativo, una colecta, un sueldo, una subvención, un carguito, ya público o pagado con los impuestos que, no siendo de nadie, no podrían jamás ser mejor empleados.
Un tipo que se activa es un tipo activo, que está en acción, lo cual es altamente positivo para él mismo pero también lo es para la sociedad en general, que necesita, perentoriamente, ser activada. Acción viene de accionar, poner algo en movimiento y el movimiento se demuestra andando, y andar es bueno, pues ¿qué puede haber mejor y más barato que andar?
Ser activista, digo, es ser un tipo activo, que se pone en acción para cambiar algo que considera que está mal. Y para ello nada mejor que cobrar por ello pues no cabe duda de que es una forma efectiva y eficaz, el mero hecho de cobrar, digo, de señalar la importancia de la acción de activarse, ya que el dinero hace plantearse muy en serio las cosas.
En la actualidad el activismo se ha convertido en una profesión, de profesar, el que profesa, el que actúa, el que interviene. Es justo y necesario que así sea, porque no puede haber cosa más necesaria que defender algo actuando sobre lo que ha requerido ser defendido, y ésta es la misión sagrada del bravo activista.
Ser activista es el que profesa dedicar su tiempo y esfuerzo a cambiar las cosas. Naturalmente cobrando. Es fácil, solo hace falta tener un objetivo y lanzarse a por él. Crea empleo, lo cual es muy necesario en una sociedad, como la nuestra, deficitaria del mismo. Ayuda al desarrollo de industrias paralelas, véase: sectores industriales de pinturas y rotuladores, pancartas, pegatinas, limpieza de mobiliario público, calles, jardines, fachadas. Además, no requiere estudios, ni preparación, ni conocimiento específico alguno, con lo cual se ahorra en colegios y universidades, por supuesto en maestros y profesores. Solo es necesario querer, y creer que lo que se quiere exigir a los demás es lo bueno, lo justo, lo necesario, por lo cual los demás tienen que aceptarlo sencillamente y pagar por ello.
Es acto de activista tomar postura ante injusticias. Sus funciones teóricas fundamentales son denunciar, organizar protestas, pedir firmas y dinero y ayudar a los más vulnerables, sean estos animales o, incluso, personas, pero para ello hace falta dinero, pasta, parné.
Ser militante activo, o activista, mediante la propagación de ideología y el proselitismo de sus ideas, parecería estar bien si se hiciera sin sacar el dinero a los demás y sin obligar a los demás a hacer lo que el activista quiere, sin agredir y ni violentar al objeto del activista, pero eso no es suficiente, sería demasiado simple, es…, incluso fácil, porque si se hace sin molestar a la gente, sin insultarla, sin agredirla, ésta, que es boba en general, no captaría la señal, no tomaría conciencia, no se implicaría ni se convencería del todo. Es necesario ir un paso más allá, como es el caso de muchos activistas actuales y de muchas organizaciones de activistas actuales pues, siendo poseedores de la verdad, de la justicia y de la razón por influjo ideológico divino, ello mismo les da derecho a convertir y tratar a los que no opinan como ellos como seres indignos, retrasados, o directamente delincuentes, aunque la ley y la justicia estén de su parte, porque el activista es un ser superior y por tanto exento del respeto a las leyes y a los que las pagan con sus impuestos.
El activista es, al cabo, un ser imprescindible, totalmente necesario, tanto tanto que sin él no tendría sentido alguno este artículo.
Vale.