EL GALLO DE ESPUELAS DE ORO

  (Romance de Chaparrito y el gallo de oro)

Por: L.M.C.

El gallo de espuelas de oro

apareció en el camino

un día que Chaparrito

volvía muy dolorido,

lloroso y descolorido.

Había apostado todo

y todo había perdido.

El gallo se dejó coger

mansamente, sin remilgo,

por Chaparrito el perdido

que se lo llevó a la casa

y lo cebó con buen mijo.

Cada mañana cantaba

el gallo, en su corralito,

muy alegre y colorido

y el gallero lo miraba

arrobado y conmovido;

con delectación y mimo

lo acariciaba muy suave

mientras le hablaba bajito:

“Vos tenés que ir a probate

al palenque del pueblito”.

Así le hablaba Chaparro

como le hablaría, fijo,

un buen padre a su buen hijo.

Y, pues, llegó la ocasión,

en la fiesta del corrido,

cuando se tiran los cuetes

y se baila el tapatío,

Chaparrito vino al pueblo

con su gallo muy sufrido

que venció, en fiera batalla,

matando a los presumidos.

Los rivales, abatidos,

después de perder los duelos,

con sus pollos malheridos,

se tiraban de los pelos

y pisaban los sombreros.

Llegado a la capital,

ya famoso y requerido

a pelear con los grandes,

gallitos de mucho nombre 

a la gallera han venido.

Los mejores le opusieron,

los mejores le enfrentaron,

los mejores sucumbieron.

Eran de grandes magnates,

de ricos y potentados,

de caciques muy temidos,

a todos los derrotó,

con su sangre regó el suelo.

Chaparrito sonreía

con su gallo chulo y fiero,

mas al salir del palenque

hombres malos lo “firieron”,

que muy mala fue la herida

y, al cabo, se vio bien muerto,

todo por robarle el gallo

de su gloria y su desvelo.

Por mucho que lo intentaron,

su gallo, hasta allí tan bueno,

no quiso pelear más

y alzando, una tarde, el vuelo

se fue para no tornar,

se perdió entre las montañas

y nunca a verle volvieron.

(Nota: Dos autores me sirvieron de inspiración para escribir este romance al estilo tradicional castellano, primero y fundamental el enorme Juan Rulfo, figura superior de la novela en español, creador del “Realismo Mágico” que otros copiaron y explotaron. También la figura, menos conocida pero interesante, de Guillermo Morón, el historiador y escritor venezolano, vaya pues en su memoria.)

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