(Reminiscencias de Sam Shepard)
Por: L.M.C.
Moteles de carretera, donde,
tras el vencido mostrador
el viejo recepcionista aguarda, taciturno,
a la espera de descubrirte en la mirada,
el crédito que te corresponde,
poniéndote etiqueta
mientras te da la llave
del tugurio.
Pago por adelantado
y no se sirve en las habitaciones
que huelen a nicho mortuorio.
Pasar la noche
sin que funcione el aire
aunque el ventilador tenga el ruido incorporado.
Por la ventana veo llegar
gigantescos camiones
de ganado vacuno
conducidos por vaqueros centenarios
que caminan con las piernas zambas,
tropezando, torpes artríticos,
en los agujeros costrosos
que dejaron los charcos resecados
tras la última tormenta
de agua seca como un desierto.