(Uno)
Nota: Este artículo fue publicado en el periódico La Tribuna de Guadalajara el cuatro del siete de 2007, se reproduce con ligeras variaciones dada su desgraciada vigencia en la actualidad.
Por: Luis de Valdeavellano
En pleno siglo XXI, cuando la nación española anda ya por los treinta años de espléndida democracia, homologados a las naciones occidentales más avanzadas, es llegado el momento de hacer una limpieza de partidos políticos que permitan a nuestra sociedad seguir avanzando por el camino del progreso y la equidad humanas. Y cuando se habla de hacer limpieza se entiende que existe suciedad, residuos que impiden un buen tránsito común, y para corregir esta situación hace falta una verdadera higiene, en este caso democrática, y es bien cierto que en España hay algunos partidos, entre los que destaca por su poder de convocatoria el autodenominado PSOE, así como algunos otros, sobre todo nacionalistas, pequeños partidos nefastos para el desarrollo de los seres humanos que habitan gran parte de la península, que deben ser sometidos a esta limpieza y depuración sanitaria.
Pero centrando nuestro razonamiento en éste, lo primero es desentrañar qué se esconde, de verdad, tras una auto-denominación tan pretenciosa como la que significa y quiere transmitir PSOE.
La primera de sus siglas: Partido, es ya falaz y falsa puesto que en puridad, no se trata de un solo y único partido, del que estamos hablando, pues su estructura federal lo que encierra es un conglomerado de partidos asociados para un fin común, en este caso, vista su trayectoria durante largos años: la mera obtención del poder político allí donde operan.
La segunda: Socialista, siendo esta una doctrina política nacida en el siglo diecinueve, donde fue definida como tal, con un perfil concreto, con una ideología bastante clara, anticapitalista (a pesar de haber existido, bien que sin ese grado de definición teórica, mucho antes) es, actualmente, una falacia propagandística que oculta la realidad cotidiana de un partido burgués, regentado por burgueses adinerados, nuevos ricos hijos del pelotazo y el enchufismo, señoritos, demasiado a menudo, descendientes de señoritos que, encima, presumen y a los que les gusta vivir como tales.
La tercera: Obrero, cae de su peso, pues nunca los burgueses y los obreros han sido clases sociales con los mismos intereses, aunque ahora la frontera entre ambas sea mucho más difusa, amén que la defensa que este partido ha hecho de los intereses de los obreros en este país ha sido bien menguada en las últimas décadas, estúdiese sino la reconversión industrial ejecutada por el partido Socialista en su paso por el gobierno anterior y su terrible coste social, económico y moral, para miles y miles de obreros.
La cuarta: Español, es simplemente, de risa. El partido o grupo de partidos encabezados por su secretario actual, hasta ayer mismo no sabía, exactamente, lo que significa el concepto de nación española. Se trata, por cierto, del mismo que ha permitido el rearme ideológico, moral y económico de los partidos nacionalistas a lo largo y ancho del estado español. El mismo que permite que no se cumplan las leyes, o que se cumplan a medias, o unos días sí y otros no y que la libertad de muchos españoles, en diversas comunidades y regiones, brille por su ausencia, y es el mismo que permitió presentarse a elecciones a un partido proetarra; ése es el que se auto-titula español.
Pues bien, tenemos así un partido que son varios, que no es socialista sino burgués, que no es obrero sino capitalista, y menos aún español, pues no defiende a la patria española, aunque actúe en España. Todo ello ya sería bastante para considerar necesaria la desaparición de tan grande engendro pero, examinemos su antecedente histórico.
Aclarado que este partido parece querer engañar al pueblo desde su propia descripción como tal y que no es, en puridad, nada de lo que se intitula, el análisis nos ha de llevar hasta su actuación política en el transcurso de su trayectoria, desde su fundación a nuestros días, por ver si su intervención en la vida pública del país ha sido negativa o positiva.
Desde sus orígenes, ha sido éste un partido difícilmente calificable como democrático en su propia estructura interna, pues el poder de sus élites y de su aparato dirigente siempre fue, pese a la máscara de demócrata, tan excesivo que roza la categoría de piramidal. Siendo así que la crítica dentro de su seno, casi siempre, por no decir siempre, ha deparado la expulsión o marginación total del que criticaba. Es así mismo dudosísima la prevalencia de su, teórica, labor de servicio a la patria y a la sociedad que la compone, por encima de sus intereses partidarios e incluso de los personales de muchos de sus dirigentes.
(Continuará)