Por: Luis de Valdeavellano
Lágrimas negras hay hoy en mi corazón dolido, cuando escribo sobre los incendios que asolan España.
Rabia, frustración, desesperanza, desaliento. Nuestra naturaleza se quema, un año más, cada vez más, ante la mirada impotente de nuestra gente que se pregunta ¿Por qué? Sin obtener la respuesta satisfactoria, visual y tangible, que sería la de una reacción y acción inmediatas, tanto como una prevención y mejora de medios constante en el tiempo.
Los políticos, los políticos, y sí, hablaré de política hoy, porque es obligado, es justo y es necesario, es pertinente y es inevitable. Los políticos han hallado la panacea de Pilatos, el agua justificadora con la que lavarse canallamente las manos, en el “cambio climático”, la mayor estafa de la historia actual de las naciones aplicada a su relación directa con los incendios.
Una estafa, sí, pues desde que tengo memoria, en España, en mi tierra, en mi patria chica, los veranos han sido tórridos, sin lluvia, con temperaturas similares a las de este año, por ejemplo, grado arriba o grado abajo.
El “cambio climático” está implantado para justificarlo todo, para disculparlo todo. Es el fantasma de la ópera, el monstruo come niños, el hombre del saco de la política medioambiental mundial mientras, de paso, sirve para echarnos la culpa a los ciudadanos, para hacer que nos sintamos culpables por intentar vivir razonablemente bien.
Los políticos, los progres, los medio progres, los ecologistas, los animalistas, todos los “istas” del mundo viven del “cambio climático”…, y viven muy bien, y mangonean todo, e imponen sus teorías descerebradas que sirven para amargar la vida a los ciudadanos, además de abrasarles con impuestos abusivos.
Pero el bosque, los campos, la naturaleza arde, mientras tanto, como una tea, y ellos nunca están allí.
En Guadalajara, en julio de 2005 murieron 11 personas
en el incendio de La Riva de Saelices, han pasado veintiún años y ahora, hoy, todavía, el incendio de La Mierla, sin contar algún otro, ha superado ya todos los récords situándose entre los dos o tres más graves de la historia conocida en España. El mérito mayor se le debe al partido en el gobierno regional, antes y ahora, ayer y hoy.
La pregunta es obvia ¿Se aprendió algo de entonces a parte de prohibir, prohibir y prohibir? ¿Se cambiaron, se modificaron, se mejoraron las políticas de mantenimiento de bosques y espacios forestales? ¿Se construyeron infraestructuras hidráulicas, siempre necesarias en nuestra tierra seca, que facilitaran el acceso al agua? ¿Se adecuaron los medios disponibles al territorio a proteger? ¿Se invirtió en tecnología, en nuevos materiales, en investigación relacionada con la extinción?
La realidad es que se crearon chiringuitos como el llamado “Comisionado para el Reto Demográfico de Castilla La Mancha” donde trabajan no menos de trece personas en la actualidad, por supuesto pertenecientes al partido, con un presupuesto englobado en la llamada, también eufemísticamente, “Memoria de Impacto Demográfico” de dos mil ciento dieciséis millones de euros este año. Sí, sí. Más de dos mil millones. Sí, sí, cinco millones ochocientos mil euros al día ¿Qué hacen, a qué dedican el tiempo libre?
Pues he aquí otro demagógico invento de los gobernantes actuales: “la España vaciada” porque esto va de frases que pretenden justificarlo todo sin decir nada. Pero la realidad es que la “España vaciada” no está vacía, tiene gente que vive en ella, y que vive “puteada” por los gobernantes que en vez de facilitar su vida, su actividad cotidiana, basada en el ancestral conocimiento de la tierra y sus ciclos, se empeñan en imponerles sus doctrinas politizadas y emponzoñadas por la progresía ecologista, prohibiendo, y estigmatizando todo lo que ha venido funcionando durante siglos. Amparados en un falseamiento constante de la climatología, bajo un perverso proteccionismo, prohíben, impiden, dificultan, y de paso se enriquecen con lo que afirman proteger.
Ya podemos afirmar que parte importante de la herencia que dejarán los políticos socialistas en la provincia de Guadalajara será, de momento, la de dos o tres de los incendios más graves y descomunales de España en toda su historia conocida. Ése sí que es un reto.
Vale.