Por: L.M.C.
Nunca entenderé porqué los yanquis
salen a cazar conejos por la noche
con pistolas, cuando están borrachos.
Son raros y sorprendentes,
intentando dominar el mundo a balazos
como niños enormes,
como pequeños hijos
de un país salvaje
recién descubierto
en el que se mueven sin vergüenza,
dueños de una libertad
armada con fusiles de asalto,
al cinto los revólveres del azar
de un destino fatídico probable
lleno de fracasos que los llevará
a la desesperanza.
Entonces buscarán refugio en la botella,
en las sustancias llegadas de México
o en la religión.
Serán dipsómanos, drogatas
o fanáticos,
dispuestos para empezar otra guerra
en otro lugar cualquiera
porque algo hay que hacer
con tal de matar al aburrimiento.