CASIDA IMPROPIA

                          (Lo que va de la noche al día)

Por: L.M.C.

En la loada paz de mi posada,

solitaria mansión es mi desvelo,

bajo un manto perlado me consuelo,

sabedor de mi pequeñez y débil traza.

Dejo atrás la luz, envuelta en sombra,

que oscuridad se torna, y me acompaña,

tibia, fragante, muy silenciosa y plena.

Cada vez más fría, más torva, cual maraña,

hasta perderse en ella mi divagar sin miedo,

está la noche, pura nocturnidad acristalada.

Luego la nueva luz que nace, y se sucede,

pues que de sí misma renace, me guía

de nuevo, sin temor, a mi morada,

en un ciclo medible en lo infinito

que no por ello, por su propia inmensidad,

deja de ser tan indescriptible como bello.

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