GABRIEL CELAYA

Por: L.M.C.

Cuando te leo pienso

que fue, tu mundo, poesía

en la mente de un niño

incapaz de crecer,

y por ello, perfecto.

Comprendo que fue un milagro

seguir siendo sencillo,

puede que elemental,

pero así verdadero

en medio de la ruina.

Que fue solo pureza,

desnudada pureza,

crudeza necesaria

para la dignidad de un vivir diferente.

Comprendo tu bondad,

tu apacible ternura,

tu sabia vocación

para ser excluido

por propia inclinación;

de dar la espalda al miedo,

a la realidad impropia

del medrar indecente;

a la necesidad de esa seguridad

que lo estrangula todo

lo que cae en sus manos.

Cuando te leo entiendo

que vivir es bastante,

que hacerlo a la manera

del cínico orgulloso,

en su pobreza extrema,

es ser rico en exceso,

que no cabe ser más,

acaso demasiado,

sin duda, suficiente.

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