Por: L.M.C.
Cuando te leo pienso
que fue, tu mundo, poesía
en la mente de un niño
incapaz de crecer,
y por ello, perfecto.
Comprendo que fue un milagro
seguir siendo sencillo,
puede que elemental,
pero así verdadero
en medio de la ruina.
Que fue solo pureza,
desnudada pureza,
crudeza necesaria
para la dignidad de un vivir diferente.
Comprendo tu bondad,
tu apacible ternura,
tu sabia vocación
para ser excluido
por propia inclinación;
de dar la espalda al miedo,
a la realidad impropia
del medrar indecente;
a la necesidad de esa seguridad
que lo estrangula todo
lo que cae en sus manos.
Cuando te leo entiendo
que vivir es bastante,
que hacerlo a la manera
del cínico orgulloso,
en su pobreza extrema,
es ser rico en exceso,
que no cabe ser más,
acaso demasiado,
sin duda, suficiente.