PÉREZ

                           (Romance infecto a lo inmediato)

Por: L.M.C.

Pérez, ayer al escucharte

contestar al estudiante

de aquella universidad,

de la America del norte,

la renombrada “Harvárd”,

casi me haces llorar.

Y eso está muy mal.

Tu verso tan elegante,

tu inglés fluido y vibrante

defendiendo a tu mujer,

sin ni siquiera toser,

ha hecho que gritara ¡Olé!

aunque se que no te gusta

nada que suene a español,

pero ésa es otra cuestión.

Y al decir, con desparpajo,

que tu hermano el musicazo,

el tañedor de badajo,

y ya ahora delincuente

por la sentencia de un juez,

era, para ti, inocente,

me pareció indiferente.

Pese a todo, tú, “el divino”,

el socialista engolado,

el “galgillo” largo y fino

de Paiporta desterrado,

aunque manchado de lodo,

te mantienes, muy ladino,

apartado del “camino”

de tus colegas torcidos

que, por ti mismo elegidos,

hoy te son desconocidos.

Tu siempre estás en la inopia,

pues la tienes como propia…,

y sin comer a las cinco.

Pobrecito incomprendido,

el mismo que ha consentido

que flagrantes asesinos,

criminales vascongados,

en la calle, liberados,

se rían de España entera,

mientras tú, pobre y cuitado,

nunca sabes que ha pasado,

nunca de nada te enteras

y estás de todo enterado.

Si te invaden la frontera,

si le llaman “La Collares”

a tu socio, a tu padrino,

eres necio, nada sabes.

De tu suegro el proxeneta

bien cogías las “pesetas”,

mas por no hacerle desprecio

lo hacías, dices a todos,

a los que tratas de bobos,

pues mira que hay que ser necio

para pensar que lo hacías

porque te gusta trincar.

Aquí, allá, donde vas,

donde estuviste y estás,

se producen cosas feas,

votaciones amañadas,

contubernios, y manejos,

rescates y puestos a dedo,

pero a ti, porque lo vales,

y eso es por tus bondades,

siempre te pillan muy lejos,

en un lejano confín,

en Nueva Delhi o Pekín.

Como dije ya al comienzo

a mí me haces llorar,

me enternece tu impostura,

tu tremenda cara dura

de chuloputa truhan,

de traidor a nuestra patria,

de terrible garrapata,

de villano contumaz,

enfrentando a los humildes

ignorantes que te siguen,

también a los mantenidos,

que les quitas los sentidos

mientras les robas el pan.

Y eso está muy mal.

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