Por: L.M.C.
Llegó el tiempo de andar el camino,
Sin otro objetivo que vivir a cualquier precio.
Sexo, drogas, alcohol, la noche y la locura,
Sin pensar en los que quedan orillados
Cuando el tren del amanecer se pone en marcha.
Ser amigos según en que momento
Y pasar a lo siguiente sin mirar nunca atrás
Y sin contemplaciones dejar heridas
En la piel de los usados,
Deslumbrados efímeros que se abrasan
En el brillo fugaz de las estrellas,
Orgullosos en la miseria millonaria
De no tener casi nada y derrocharlo todo
A manos llenas como se gasta la salud
La juventud y la esperanza.
Ser señores de la desidia y de la poesía
Que nace de la inmediatez,
Que huele mal por ser humana,
Que está hecha de sudor recalentado,
Que es sublime y es turbia y es baldía
Y tal vez necesaria
Como el vómito torrencial de madrugada.
Llegó el momento de andar el camino,
Vagabundos de sí mismos,
Que conduce, inexorable, al infinito
Encadenado de los días descarriados,
De las noches ebrias de la cruel locura
Cotidiana de vivir a cualquier precio,
Incluida la vida que se va dilapidada,
Disfrazada de hermandad, amistad disipada,
Ultrajada, vendida al precio del momento
Mientras el movimiento lo es todo y nunca es nada.
Vagar sin contención. Sin argumento.
Dejar cadáveres exquisitos,
Retazos de uno mismo,
Trozos de piel que caen, sin ser notados,
Por las paradas y por las estaciones,
Por las consignas olvidadas.
Dejar muestras de genio
Surgidas de la botella la aguja y la pastilla,
Espuelas rutilantes de luna,
Esquirlas plateadas en las esquinas en los trenes
Repletos de fantasmas, en los autobuses
Sin fin que recorren el último horizonte
Por carreteras eternas
Con el denso olor a barro y gasolina.
Viajar a cualquier precio
A cualquier hora
A cualquier sitio
Al precio de la carne
Al precio del vacío
Al precio de la vida
Al de la misma muerte
Al de la misma nada
Con el cuerpo y la mente
Con la sangre candente
Con el sexo poliédrico empeñando la apuesta
Que solo será un momento
De efímera ensoñación.
Es el precio a pagar por vivir a la carrera
Por vivir en el camino hacia ninguna parte.
Es el precio a pagar por vivir el camino
Desesperadamente,
Siguiendo la polvorienta estela
Que conduce ahora y siempre
Al jardín de las flores agostadas,
Al feliz matadero.