Por: Mar Cial de Bílbilis
La niña del proxeneta,
ya convertida en mujer,
se encargaba de las cuentas,
dicen que lo hacía bien.
Con los dineros, sin IVA,
prestaba ayuda al marido
un “brillante” economista
en estudios muy “pulido”.
Era un hombre de principios:
antes yo, luego… lo mío.
Eso, en política, mola,
en ella encontró su “arrimo”
sin dar nunca un palo al agua,
con chulería y cinismo.
Haciendo unos malabares,
ayudado por secuaces
con urnas y “bacinillos”,
ya dominado el partido,
sin ganar las elecciones,
con apaños y amasijos,
consiguió todo el poder
en este reino maldito
siempre en manos de ladrones,
donde se da premio al ídem,
al traidor y al asesino.
Porque los españolitos
somos así de cretinos,
no miramos por nosotros
pero sí por los vecinos.
¡Que hay que ser tonto del culo!
¡Uy, perdón, que poco fino!
quería decir del orto,
del trasero, del fundillo,
del traste, del poto o pompis,
donde acaba el rabadillo.
(Perdónese la digresión,
el alargue y desatino,
pero me siento inspirado
me vengo arriba y lo flipo.)
Quise decir: mitad necio,
mitad menguado anodino
para cuidar del que llega
usurpando nuestro sitio
mientras los nuestros padecen:
nuestros viejos, nuestros niños,
que por ellos no miramos,
que por ellos no pedimos,
ni salimos a las calles,
ni aullamos, ni gruñimos.
¡Hace falta ser mezquinos!
Morimos de progresía,
de animalismo sin tino,
de comunismo cruel
y de servil socialismo,
de deleznable buenismo.
Nuestra patria ¡Que se joda!
que eso es pueblo bobino;
por paguitas la vendimos,
por mantener mantenidos.
La memoria socialista
nos sirve como exorcismo
aunque falsee la historia…
La historia… siempre lo mismo:
el engaño de la guerra
del falsario socialismo,
de crímenes y sadismo,
de las checas olvidadas.
Ellos no fueron culpables,
aunque son la culpa misma,
con sus milongueras leyes,
que son puro desatino.
Quieren tornar blanco en negro,
la luz en oscurantismo.