(A la memoria de Don Manuel Martí, padre conscripto de la muy noble Academia Pedológica, y de Don Francisco de Quevedo y Villegas, genio de las letras y hombre de fe.
Dedicado a Ángel y a Jesús, Jesús y Ángel, dos ejemplares miembros activos de dicha noble Academia.)
Por: L. M. C.
Don Manuel Martí acaso habla del pedo
y de peerse, y lo tilda de virtud utilitaria,
pues cuando hay aire rondando por el vientre
es necesario expelerlo de forma conveniente
no sea que, por hacerlo sedentario,
nos inflame, nos duela y nos infecte.
El pedo causa, al sentirse reprimido,
grave desorden en el cuerpo sometido
a tan onerosa y cruel tensa tortura,
quejándose, gravoso y condolido,
y cuando al fin estalla envilecido
puede salir provisto de metralla,
hiriendo el calzón como castigo.
No será solo su olor entonces raya
que indique el final del recorrido,
mas dejará en la prenda su medalla
en forma de zurrapa o palomino.
Ya lo dijo el gran Quevedo, bate excelso,
maravilla y celestial gloria de España:
el ojo del culo mira muy certeramente
al cielo de la felicidad…, y “ríase la gente”.
Dos no se quieren bien, no suficiente,
si en la cama no se hablan alto y claro,
culo contra culo y muy serenamente.
También dijo, pertinaz y conveniente
que: en cagando me siento afortunado,
más locuaz, más feliz y diligente
como por varita mágica tocado.
Una buena cagada hace las veces
de la más grande batalla recordada.
Cague yo bien hoy, pese a quien pese,
y otro tanto será salud mañana.