Por: L.M.C.
Marco Valerio Marcial,
el más grande fuiste tú
y tu epigramático plectro.
Al mundo entero legaste
la plenitud de tu verso,
que es jovial, humano, diestro,
breve y pequeño aguijón
para trazar la pulsión
de la gente de tu tiempo.
La vida diaria pintas,
como si fuera un gran lienzo,
pleno de vívidas gentes
con sus risas y sus juegos,
sus penas y contratiempos.
Por tu poesía pasa,
como en alígero vuelo,
el mundo de los romanos
cargados de sus miserias,
de sus sueños y desvelos,
y los tuyos también pasan,
a veces de pedigüeño,
otras de casto y devoto,
de prudente y noble, siempre,
cauteloso de su tiempo.
Anhelante de un retiro,
tan discreto como tierno,
te volviste, sin dolor,
a la tierra en que naciste,
la Bílbilis de tus sueños,
en aquella gran Hispania
que a Roma legó talento,
algunos de sus notables,
de sus sabios y de sus genios,
y sus mejores gobiernos.
Sabemos que aquí reposas,
que aquí descansan tus huesos,
como uno de los nuestros.
Marcial, aunque no lo sepas,
por siempre serás eterno.