EDITORIAL VERSUS INFAMIA

Cuando un editorial de un periódico se convierte en una infamia la credibilidad del periodismo queda mancillada.

          El editorial del “panfleto progre”, antes periódico, llamado El País, es una infamia. Lo es, primero de todo, a la inteligencia, también a la Justicia, al juez que la representa, y a los españoles normales, esos anónimos ciudadanos de a pie. Esos sufridos pagadores, forzados, con el sudor de su frente, de interminables impuestos, que se van, por las cloacas de la indecencia política, en forma de corruptelas, mamandurrias, mantenimientos injustos y todo tipo de negocios ilegítimos y dislates de los que, debiendo administrar con toda lealtad, hacen de nuestro dinero su negocio particular.

          Pues bien, es sabido que parte de ese dinero, obtenido con la violencia que ejerce el poder, va a parar a las manos, sucias de tinta sucia, de lacayos del poder, como lo son tantos periodistas y medios periodísticos en la actualidad. El País es un ejemplo de ello. Sus dueños, inversores y trabajadores, vivirán de “puta madre” a costa de los dineros de todos. Es más, se creerán muy importantes, muy nobles, muy honrados desde sus suntuosas mansiones, desde sus lujosos despachos, autoconvencidos de que son pilares insustituibles de la sociedad, cuando entrañan la propia demolición del sistema, cuando se han convertido en verdadera basura que todo lo contamina con su hedor insoportable.

          El ataque al juez del editorial de hoy, día veintiuno de Junio de 2026, supone un acto de ignominia periodística que mancilla, inapelablemente, la presunta condición de su autor, o autores.

          Todos los que han comulgado que ese despojo escrito son deudores de su miseria moral, quebrados morosos de su villanía.

          Porque, que un juez, impelido por una denuncia plausible, nada más y nada menos, quiera juzgar a una presunta delincuente, a pesar de que ésta sea la mujer del presidente, (y con mayor motivo por ello dada su condición de socialmente privilegiada) infamándole y desacreditándole, es el resultado palpable de la obediencia debida, el pago en “mierda arrojadiza” al dinero recibido.

          El hecho cierto de que esa señora usara una institución pública, pagada con dinero público: la Universidad Complutense de Madrid, para realizar actividades ilegítimas, ilegales, inmorales, injustas, y lucrativas para ella, eso no tiene importancia. El pueblo pagador de la fiesta inacabable de los corruptos tiene que apechar con ello y darlo todo por bueno.

          La ley, las leyes, fruto ulcerado de quien las crea y las usa manipulándolas a su antojo, parece que, por una vez, se están escapando a su criminal control y eso no puede ser. Tienen que salir a escena los secuaces, los sicarios de la palabra, a defender al amo. Los dineros les van en ello.

          Es este un eslabón más en la cadena de absolutas iniquidades a las que el socialismo y el progresismo izquierdista están sometiendo al pueblo español. Los escándalos, las corrupciones, las tropelías son tantas que son inacabables. El ver como nos roban, como sueltan a grandes asesinos que se pasean por las calles vascongadas riéndose de la sangre derramada, todo ello conduce al vómito, a la desolación, a la depresión y pérdida de toda creencia en esa “cosa ambigua” a la que llaman “democracia”, en el imperio de la ley, de la justicia y de la dignidad humanas.

                                            Vale.  

Deja un comentario