Por: Luis de Valdeavellano
Reconozco querido lector, que les debo a los presidentes socialistas, señores Zapatero y Pérez, algunos de los artículos de corte político de los que me siento más satisfecho, sea ello pese al componente de infamia y vileza que acarrean sus actos. Les debo además la reflexión, sobre la malignidad humana, que me ha procurado la contemplación de su impostura. Ello en dos sentidos, primero de todo, debido al altísimo grado de fascinante perfidia personal y política que atesoran, lo cual me ha permitido comprender como la indecencia humana no tiene, prácticamente, límite conocido. En otro sentido ha propiciado exprimir mi capacidad de mordacidad estética. Preveo que todavía me darán grandes días de gloria dialéctica por lo cual les estaré eternamente agradecido.
Haciendo análisis, y resumen, de lo que han significado, estos dos especímenes políticos, en la historia actual de España, el resultado no puede ser más terrible y claro es, que si nos lo tomáramos “a pecho”, por lo tremendo, estaríamos en trance de cortarnos las venas, pero como adoptando tan benéfica como drástica medida clásica solo nosotros saldríamos perdiendo, decidimos no hacerlo sublimando tan patética realidad transformándola en poética visión.
Cuán corrompida está la sociedad española es inefable, es algo que, verdaderamente, da que pensar, cuando ha propiciado el advenimiento de dos ejemplares de tal calaña a la más altas magistraturas públicas, y toda la cohorte subsidiaria de adláteres lacayos que acarrean.
Bien es cierto, aunque no sea consolador, pero que sí aclara un tanto las cosas, que el panorama político mundial, a poco que sea sometido a un examen objetivo, es igualmente penoso. No en vano nos gobiernan líderes infames allá por donde mires, salvo, claro está, honrosas y solitarias excepciones.
Sean éstos, más o menos, demócratas, o directamente inmersos en dictaduras abominables, la bajeza moral, intelectual, cultural, la corrupción que demuestran, de la que hacen gala sin ambages, es vomitiva.
Estamos en manos de auténticos dementes, delincuentes y criminales. Tanto da. Eso no nos consuela. Siempre tendremos la ilusión, pues eso parece, de que alguien razonablemente decente se ocupe de los asuntos públicos españoles.
Pero volviendo a los nuestros, ZP y SP son la insignia de la iniquidad hecha política. Capaces de sellar pactos con secesionistas, golpistas y proterroristas, tanto como con líderes extranjeros totalitarios, asesinos y criminales. Capaces de subvertir las propias leyes que ellos crean, saltándoselas “a la torera” (mientras desprecian la fiesta nacional) con paralegalismos soeces, con interpretaciones capciosas, espurias, con la aplicación del embudo hecho ley. Manipulando, reinterpretando, subvirtiendo con desvergüenza absoluta, carente de toda dignidad, la verdad, la historia, en fin, dando todo un recital -propio del virtuosismo artístico del hermano- ese hermano prevaricador gracias al capo, de probada inmoralidad pública.
La historia de infamia socialista tiene ahora su culmen y colofón en estos dos presidentes patibularios, dignos de los años veinte de la ley seca, sometidos ya en diferentes fases al escrutinio nebuloso de la justicia. Su consumación, con las leyes existentes, me temo sea tan laxa como deplorable.
Vale.