ECLIPSE TOTAL

                              (¡Viva la oscuridad!)

Por: Luis de Valdeavellano

Escribo estas palabras horas antes de que se produzca el gran acontecimiento del siglo hasta el siguiente gran acontecimiento del siglo que lo será hasta el siguiente gran acontecimiento del siglo, en bucle infinito y redundante, ante, ante, ante, ante…

          Justo ése que no veré, principalmente porque todo gran acontecimiento, descrito como tal por los más listos, por los interesados en que haya grandes acontecimientos, me produce un profundo e  irremediable desprecio.

          A la par que, en esta ocasión tan singular, intentar ver algo que, paradójicamente, te puede hacer dejar de ver seguidamente, me parece de una insensatez digna de estudio. Pero que cada palo aguante su vela.

          Es esta una ocasión que todo gobierno formado por sinvergüenzas, espera con interés. Gracias a ella, dicho despótico gobierno, dicho criminal gobierno responsable de la muerte, hace nada, de más de cien jóvenes en Ceuta, lleva días transformando la realidad en espejismo, la sombra en luz, la desesperanza en expectación, el engaño en truco.

          Hoy, diligente y madrugador para sus interesadas “gilipolleces”, nos manda un mensajito sobrecogedor por teléfono, sin pedirnos permiso, pues para eso estamos presos en un sistema político con tintes totalitarios, socializante, “imbecilizante”, donde el mago Pérez, con sus groseras e impúdicas artimañas de trilero mafioso, se dirige a su público como a esa manada de idiotas abducidos que demuestran ser cuantos le siguen cerrilmente.

          Pero el eclipse verdadero no está en el cielo, está en una nación en fase de destrucción en manos de comunistas, proterroristas y separatistas, que campan a sus anchas en sus, digo sus, territorios, donde imperan sus, digo sus, leyes criminales, que liberan asesinos, que impiden hablar y estudiar libremente nuestro propio idioma, o salir libremente, sin miedo, a las calles, con una bandera de, digo de, nuestra patria, de España.

          El eclipse verdadero es el de leyes justas, leyes que manden a la cárcel a la cantidad enorme de políticos corruptos que se escapan del castigo, un día sí y otro también, precisamente gracias a ésas mismas leyes que ellos mismos hacen para facilitar el robo constante, ejercido por ellos mismos, de los bienes públicos y privados.

          El eclipse total es que un presidente “caballero de industria” de su propia tesis doctoral, casado con una doctora sin doctrina, presunta delincuente, hija de un proxeneta; con un hermano delincuente condenado; con sus principales socios y colaboradores delincuentes condenados y encarcelados, etc., etc., etc., siga chupándose el dedo, chupando del bote, a todo lujo, en una residencia real, satrapescamente acompañado por su corte parentelar. Él, su mismidad, (“…que son las cinco y no he comido…”) mientras tanto, sentado sin piernas, haciendo el paripé de que hace lo que no hace, canallescamente diciendo que aquí no pasa nada, mientras el moro Mohamet manda a sus esbirros a invadir nuestro país vía Ceuta, que fue ciudad española antes que Marruecos soñara con ser algo, ahora una dictadura.

          Eclipse total es que nos mientan, que nos engañen, que nos dirijan como a peleles, nos esquilmen con inquina, nos ninguneen como a idiotas, nos despojen vilmente, nos opriman sin temor de Dios, nos domen como a brutos, nos avergüencen, nos chuleen, nos digan lo que está bien y lo que está mal mientras ellos, digo ellos, digo Pérez y su patio de Monipodio, su compañía particular de atracadores, hacen todo lo contrario.

          Mientras nos adoban con su música para imbéciles, nos infantilizan con sus libros para memos y nos invitan, naturalmente con nuestro dinero, a ver un eclipse cuya virtud principal es que te puede dejar ciego para siempre. ¡Viva la oscuridad!

                                        Vale.

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