LA MUERTE

Por: L.M.C.

Hoy voy a tocar un tema

un poco particular,

que puede parecer fuerte,

porque, de suyo, es letal,

y bastante diferente

a lo que se suele usar,

y no es otro que el oficio,

conocido, de matar.

Siempre se ha matado mucho,

no nos vamos a engañar,

solo hay que mirar la historia

sin fingida ingenuidad.

Pero volviendo al presente,

a la cruda actualidad,

solo hay que mirar de frente

la mera realidad,

y si la enfrentas de cara

así se concluirá,

como yo lo he concluido,

que si no lo hacen muchos,

digo el acto de matar,

es por no tenerlo claro,

por no haber viabilidad,

o por miedo, o cobardía,

esa es la pura verdad.

Pero con todo y con ello,

unos menos y otros más,

mata el alto y mata el bajo,

el que es de aquí, y el de allá,

y mata más el “carajo”,

lo que viene siendo el “majo”.

El hombre mata a raudal

comparado con la hembra,

esa es la realidad,

que la mujer, siendo mala,

no nos vamos a engañar,

solo mata regular,

y casi siempre sin sangre,

que eso casi ni es matar.

Pero los que matan harto,

camuflándolo además

para no ser encausados,

y no paran de matar

siendo expertos en la muerte,

matando a diestro y siniestro,

que por eso, en este cuento,

y es de los que vengo a hablar,

son los fieros dirigentes,

los políticos del mundo,

esos matan a rabiar

y siempre se van “de rositas”

pues, con sus leyes y “cositas”

no se les suele juzgar.

No son sus matados muertos

por mera casualidad,

porque…, ¡oh, así son las cosas!

son muertos a propio intento

por interés o desidia

con indolencia bestial.

Pero ellos, los matadores,

nunca se inmutan, jamás

se ven los causantes,

nunca hay responsabilidad

en ellos, los matachines;

sin castigo a su maldad

quedan, con impunidad,

al cabo bien excusados

como, al cabo, se verá.

Y lo primero de todo,

pues ya quiero comenzar,

es que nos matan a impuestos

sin dejarnos descansar,

que es matarnos muy bien muertos

porque estamos en un limbo

imposible de esquivar,

del que vamos al infierno

de la hacienda nacional,

esa infecta “cofradía”,

esa mafiosa hermandad,

de altaneros funcionarios

siempre ávidos de churre

donde pringar sin parar.

También nos matan, sin duelo,

con lo de la sanidad,

el cacareado estado,

estado del bienestar,

que es bienestar del estado

que ni ha estado ni estará.

Esa sanidad “espada”

que se transforma en guadaña

si te envuelve en su maraña

de citas y “contracitas”

tan largas e interminables

que antes te mata la espera

que la propia enfermedad.

Esa sanidad, decía,

que no es para quien la paga,

que sería lo normal,

sino para quien ellos dictan,

mira que saben dictar

según su arbitrariedad.

Nos van matando al descuido,

no es ninguna novedad,

con carreteras infames,

porque corremos de más,

dicen, no por curvas imposibles,

no por mal mantenimiento

ni por mucho especular

con obras y concesiones

de modo particular.

Nos matan, mucho lo siento,

con leyes de subnormales,

de corruptos amorales,

hechas para masacrar

a fuer de prohibiciones:

limpiar, cortar, desbrozar,

cosas tan elementales

no se pueden abreviar.

No cabe limpiar los ríos,

es ésa abyecta intención:

trasvases, regulación,

lo que convierte a un pueblo

en auténtica nación.

Hacer pantanos y presas,

donde los peces habiten,

los animales prosperen,

de donde poder regar,

es mejor tener España

como un vasto secarral,

un desierto inhabitable

que eso es lo que quedará

si no nos ponemos firmes,

el tiempo nos lo dirá.

Nos prohíben respiras

y así nos siguen matando,

y mientras nos van ahogando,

que es manera de matar,

cada vez un poco más,

nos señalan cual culpables

de no saber inhalar

el aire tan necesario

que pronto nos venderán.

Con su política infame,

de “agendas” sin cesar,

aún nos matan mucho más:

accidentes y pandemias,

invasiones por demás,

delincuencia consentida,

juego, drogas, sin dejar

de lado prostituciones,

trata, ventas por detrás

de nuestras instituciones,

entes, empresas y acciones

que puedas imaginar.

Ya no tienen que usar bombas

como el ruso criminal,

basta matarnos de hambre

como en Cuba, la social,

y dejar que las pateras

recorran el litoral

como el turco en su carrera

piratesca y musulmán,

haciendo de oro a las mafias

que no dejan de matar.

Matar es el gran negocio,

de la política en pleno:

matar, matar y matar,

no se vayan a engañar.

La política actual

es matarnos con sus leyes,

mientras sus representantes,

unos menos otros más,

no dejan de señalar

como culpable de todo

al pueblo, vacuno y bobo,

al pueblo al que ellos matan

porque se deja matar,

sin ir siquiera al matadero,

en su poltrona o sofá,

sin temor y sin piedad.

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