Por: L.M.C.
Bueno, pues Platero había de morir
y yo ahora, lector entristecido,
me pregunto por qué la muerte
no libera, aunque libere
de una vida cargante,
de llevar a hombros a uno
con la carga inefable que conlleva.
Todos llevamos, a cuestas,
el peso de nuestra vida,
aunque no nos demos cuenta,
ya seamos burro de carga
o de paseo.
Con ellas, con la vida y la carga vamos,
juntos, y compañeros,
cabalgamos por variados caminos,
más o menos amenos,
más o menos dichosos,
más o menos certeros,
por ellos caminamos
como Platero,
con las orejas tiesas,
con los ojos abiertos,
dando pasos inciertos,
a veces tropezando,
a veces con un trotecillo
que nos parece pleno,
para siempre llegar,
un muy justo llegar,
al final del sendero.
Platero, buen Platero,
burrito bruto y bueno,
tenías que morir
para cerrar el libro,
para acabar el cuento.