PLATERO II

Por: L.M.C.

 Bueno, pues Platero había de morir

y yo ahora, lector entristecido,

me pregunto por qué la muerte

no libera, aunque libere

de una vida cargante,

de llevar a hombros a uno

con la carga inefable que conlleva.

Todos llevamos, a cuestas,

el peso de nuestra vida,

aunque no nos demos cuenta,

ya seamos burro de carga

o de paseo.

Con ellas, con la vida y la carga vamos,

juntos, y compañeros,

cabalgamos por variados caminos,

más o menos amenos,

más o menos dichosos,

más o menos certeros,

por ellos caminamos

como Platero,

con las orejas tiesas,

con los ojos abiertos,

dando pasos inciertos,

a veces tropezando,

a veces con un trotecillo

que nos parece pleno,

para siempre llegar,

un muy justo llegar,

al final del sendero.

Platero, buen Platero,

burrito bruto y bueno,

tenías que morir

para cerrar el libro,

para acabar el cuento.

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