CASIDA DE LA DESOLACIÓN

       (Ensoñación de Ibn Hazm)

Por: L.M.C.

Con Ibn Hazm lloro la visión de las casas derruidas,

de los palacios arrasados,

la memoria olvidada de todos los que fueron allí,

en un tiempo feliz.

Murió la gloria, una vez más, a manos de la ruda espada del salvaje,

y el sosiego, la belleza de los atardeceres

en el jardín florido,

de cristalinas fuentes recorrido.

Las mujeres alegres, riendo, cantarinas sus voces,

luego presas, esclavas,

temerosas, vendidas al mejor postor,

y luego, vacío, y polvo y nada.

Mejor no seguir diciendo que hubo en ese tiempo

fortuna luminosa,

y arte, y ciencia, y esencial poesía;

de aquellos ubérrimos alcázares

ya apenas queda nada,

sus muros derruidos, solo tamo y escombros

ocultos en olvido

que ahora, en silencio, mi alma entristecida,

con pena, rememora

gracias al eco eterno que el cordobés poeta

dejara, infatigable.

Él, obligado a olvidar su noble juventud

de versos y canciones

en el harén sagrado, siempre huyendo después

por confusos caminos,

de una tierra a otra tierra,

extranjero por siempre, o acaso peregrino

de una causa perdida,

llevando en su memoria

apenas los recuerdos por único equipaje.

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