¡QUE INOCENCIA!

Por: L.M.C.

¡Que inocencia, que inocencia!

Estoy releyendo un libro,

escrito por un poeta,

que habla de flores bellas

al borde de los caminos,

humildes y pintureras,

de riachuelos profundos

por donde fluye, risueña,

el agua tan necesaria

que es vida, frescura amena.

De horizontes muy limpios,

y puestas de sol diversas

versa la amena lectura

que solo su alma observa,

pues su ojo está educado

para la oculta belleza

descubrir,

que los demás no conocen

y ni siquiera interpretan.

Maestro de ceremonias

para la naturaleza,

para esta vida nuestra,

vida de desarraigados

esta pobre vida incierta,

sin patria chica, sin tierra,

que podamos, con certeza,

decir que es tierra nuestra.

Perseguidor de silencios

de la belleza que encierra

la mera contemplación

de las cosas con solera

¡Que inocencia, que inocencia!

El poeta sabe bien,

y lo sabe con certeza,

lo que es más importante:

entiende al ave que vuela

remontándose en el cielo,

yendo a su nido de vuelta

porque sabe que la prole

confiada allí le espera.

El poeta bien conoce

el silencio más exacto

que es canto, que no desvela,

sino que arrulla y sosiega

con su suave cantinela.

El poeta bien comprende

la canción antigua y cierta

que nos une con la tierra,

con el sueño, con el rito,

con el amor, y es vivencia

que se interpreta con brío

en los días de la fiesta.

Ser poeta de tu pueblo ¡Que inocencia, que inocencia!

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