Por: L.M.C.
Oh sueño, sí, tú, sí,
hermano de la muerte
tan próxima y lejana,
que, no obstante, recreas
en ensueños complejos
y excelsos que prevén,
avisan y aleccionan
lo que, tal vez, o no,
habrá de ser mañana.
Acógeme en tus brazos,
recógeme en tu seno
con dulzura ideal,
llévame en vuelo audaz
a los bellos, sagrados,
inefables jardines
de la gran Babilonia.
Entre el fresco susurro
de sus calmosas fuentes
quiero yo reposar,
bajo la sombra umbría
de sus árboles vastos,
rumorosas sus hojas
por la brisa sutil.
Oh sueño, sí, tú, sí,
hermano de la muerte,
guíame, te lo ruego
al paraíso etéreo
de terrazas de ensueño,
felices avenidas
por donde Semíramis,
la sensual hacedora,
desvela los sagrados
secretos del arcano,
del eterno infinito
que acoge el gran misterio.