Por: L.M.C.
Campos de asfódelos,
cerca del Paraíso
por ellos señalado.
Ancestral riqueza
que el hombre desconoce;
el mismo que, oprimido,
malvive envilecido
en la cruel ciudad,
pendiente de subsidio,
sin honra ni vergüenza,
como perro sarnoso
con sobras mantenido.
Más le valiera acaso
alimentar su hambre
de la planta salvaje
que no vivir mendigo,
pordiosero sin alma,
ni moral, ni conciencia,
infeliz vendido a manos
del que usa de su miedo
y su servil desvergüenza.