Por: L.M.C.
Por los campos y los montes
sale a caza el cazador,
persiguiendo va a la presa
con gran constancia y valor.
Es un lobo muy maligno,
tremendo depredador
con más de cien reses muertas
sin ninguna compasión.
La fiera busca el refugio
de la selva en su fragor
y el cazador la persigue
con paciencia y sin temor.
Cuando la fiera se cansa
le dice desde un alcor:
“déjame ir, te lo ruego,
déjame ir, cazador,
que yo les contaré a todos
como a ti yo me rendí,
que me declaro vencido
y no puedo huir de ti.
“Yo no quiero que lo cuentes
ni lo digas por ahí,”
(le respondió el cazador,
cuando ya le daba alcance,
antes de ponerle fin,)
“pues llevando tu pelleja
se verá quien te cazó,
que ella lo dirá por mí.”