PÉREZ, EL POETA PÉREZ

Por: L.M.C.

Al oírle en el discurso

dado ante el comité,

hecho a su imagen propia

como tenía que ser,

sentí ganas de llorar,

no me pregunten porqué,

temiendo incluso mojar,

pues me entró un “no sé qué”

dado su verbo florido

que, en boca de un escogido,

suena a parla fetén.

Pérez les habló a los suyos

como solo un mártir puede,

con los bofes en la mano

porque vieran lo que duele.

Y les mencionó a su hermano,

artista internacional,

que es en Rusia muy famoso

donde le llaman “el zar”,

acusado de tramposo

con su carrera truncada

por la oposición fatal.

Les habló de su mujer

reina de saunas muy limpias

donde primaba el amor,

no cabe cosa más linda.

De su carrera docente,

muy catedráticamente

con cátedra de ascensor.

De innovadora labor

en pos de lograr acuerdos

por la gracia del señor

del señor, naturalmente,

por lo que vuela, con gracia,

usando transporte público,

de Costa Rica a Croacia.

Y luego, como un profeta,

como el Papa que habla en Roma,

con tono de monseñor,

habló de su gran partido

del que a España cambió,

de qué virtudes adornan

al rebaño seguidor

que, para servir al amo,

no pone una condición,

y lo ensalzan y lo alaban

como del pueblo tutor.

En la fiesta del cordero,

cuando llega la ocasión,

son mansos decapitados

en loor de bendición.

Llegando a hablar de sí mismo

lo hizo con convicción,

él, enemigo de abusos,

con el dinero de todos

es auténtico león.

De las joyas que lo adornan,

que no tienen parangón,

quiso bien hacer mención,

que de las de Zapatero

hablará en otra ocasión.

Repartidor de trabajo,

de riquezas creador,

campeón del humillado,

ejemplo de solidario,

fidedigno cumplidor

de sus promesas y saldos

sin posible discusión.

No dejó, y no pudiera,

con dedo señalador,

nuestro muy glorioso líder,

de señalar a los otros,

los partidos del montón,

esa derechona sucia, y rancia,

reina del lodo felón,

esa enemiga del pueblo

que hace mala oposición

ensuciando su gestión,

que quiere vilipendiarle,

a él, al gran orador,

al eximio presidente

al que la nación reclama

y por eso lo señala

en cuanto tiene ocasión.

En fin, su discurso hermoso,

hecho para la afición,

emocionó ¿y de qué forma?

Como me emociono yo,

ahora, cuando al recordarlo,

se me escapa un lagrimón.

Es que me hallo conmovido,

discúlpeseme, o tal vez no,

pero es que Pérez me llega

al fondo del corazón

con su verbo tan florido,

con su bella erudición

de doctor que fue plagiario

por modesta inclinación.

Él, que perdiendo ganaba

en cada nueva elección.

Él, hacedor de esta España

que no la conoce ni dios

donde hasta el reino de Jauja,

en mala comparación,

se nos queda en poca cosa

con la espantable nación,

que por él, el santo, el bueno,

el héroe prodigioso,

el enorme campeón

en las carreras de galgos,

se está viendo convertida

del mundo en fascinación.

¡Que lo eleven por el cielo,

que lo lleven bajo palio

como aquél otro dictador

del que él tanto se acuerda

con devota admiración!

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