Por: L.M.C.
¡Oh Persio! Tú, satírico famoso
de la eterna Roma poderosa,
nunca estuviste en la fuente santa,
otorgada por el casco del caballo,
ni soñaste por las musas ser tocado,
como Hesíodo pastor en la montaña,
más las diosas te persiguen ciertamente,
en cada palabra pronunciada están ocultas,
ocupadas en ser voz de tu mirada,
ser tu palabra en su palabra anciana,
religioso eco del arcano emisor,
del rito antiguo oscuro de la tierra,
ése que viaja, sin fin, por el planeta,
de un tiempo a otro tiempo,
infinito en edad, y en la memoria
del humano habitante de la Tierra,
se trasmite de forma inacabable.